No, cambiar la sede de las empresas no tiene ningún impacto relevante, ni para Cataluña ni para España

No, cambiar la sede de las empresas no tiene ningún impacto relevante, ni para Cataluña ni para España

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Los últimos acontecimientos acaecidos en Cataluña están provocando que muchas empresas estén cambiando su domicilio fiscal más allá de los límites de esta (por ahora) Comunidad Autónoma española. Aunque hasta ahora habían sido empresas con escasa relevancia dentro de la estructura empresarial española, el último movimiento del Banco Sabadell ha metido presión a otras entidades financieras y empresas grandes, que están ya debatiendo este cambio de sede para que la inseguridad jurídica que se está viviendo en Cataluña no afecta su actividad diaria y la relación con sus clientes.

El propio Gobierno, consciente de que estos movimientos societarios podrían servir para meter más presión aún al proceso soberanista, está en pleno proceso de modificación de un decreto que facilitará el cambio de domicilio social de las empresas. Pero, ¿sirve de algo cambiar el domicilio social entre tanta incertidumbre política?

Pues lo cierto es que la mayoría de ellos son movimientos de escasa relevancia. Entre otros motivos, porque una cosa es cambiar el domicilio fiscal (que al fin y al cabo tan solo es un movimiento administrativo y muy rápido) y otra bien diferente es deslocalizar todo el equipamiento físico, las cadenas de producción o las plantillas, que ni se va a realizar a corto plazo ni se espera que se realice en el futuro, pues mover todos los medios de producción es mucho más complejo.

De hecho, el cambio de domicilio fiscal ni siquiera tiene efectos fiscales relevantes. Y es que, la Ley General Tributaria, en su artículo 48, dice lo siguiente:

El domicilio fiscal es el lugar de localización del obligado tributario en sus relaciones con la Administración tributaria, siempre que en él esté efectivamente centralizada su gestión administrativa y la dirección de sus negocios. En otro caso, se atenderá al lugar en el que se lleve a cabo dicha gestión o dirección y cuando no pueda determinarse el lugar del domicilio fiscal de acuerdo con los criterios anteriores prevalecerá aquel donde radique el mayor valor del inmovilizado.

Es decir, en la actualidad, con Cataluña formando parte de España, es irrelevante que una empresa o entidad bancaria tenga radicada su sede social en Cataluña o en Alicante, como es el caso actual del Banco Sabadell. La tributación sobre los beneficios va a una caja única que posteriormente se distribuye entre todas las administraciones. Es más, la propia empresa podría decidir si establecer su domicilio social en una localidad y el fiscal en otra e, incluso, recibir la correspondencia en un tercer domicilio.

Una hipotética independencia de Cataluña posiblemente ni siquiera provocaría un cambio en el país en el que tributen las empresas, pues la mayor parte del negocio de las mismas seguiría estando en el mismo país. Además, hay que tener en cuenta que otros impuestos con mayor potencial recaudatorio, como el IRPF o el IVA, seguiría tributando en Cataluña.

Entonces, ¿por qué lo hacen las empresas?

Evidentemente, el hecho de que no exista ningún impacto a nivel fiscal del cambio de sede puede inducirnos a pensar que estos movimientos pueden ser irrelevantes. En la gran mayoría de casos, son cambios con un impacto más simbólico que real para evitar que el proceso soberanista siga adelante.

El caso de los bancos es algo más complejo. La posible independencia de Cataluña haría que, mientras la Unión Europea no la aceptase como miembro de pleno derecho y, por tanto, no permitiese la adopción del euro como moneda única, los bancos no puedan acceder a las operaciones del Banco Central Europeo, algo que, con los tipos de interés tan bajos, es vital para garantizar su supervivencia. Además, todavía no se sabe cómo se articularía un Fondo de Garantía de Depósitos equivalente al actual de España y ni siquiera si habría dinero suficiente como para garantizar los depósitos, lo cual es fundamental para evitar pánicos bancarios.

En definitiva, el cambio de sede de las empresas tendrá escaso impacto sobre las finanzas catalanas, salvo que la mayoría de ellas opten por llevarse el grueso de sus operaciones fuera de Cataluña algo que, como ya hemos puesto de manifiesto, entraña una enorme complejidad y, por tanto, no se espera que se produzca.

En Pymes y Autónomos | ¿Cuál es la diferencia entre el domicilio social y el fiscal?

Imagen | MHachem

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